Es muy común sobre todo en la práctica deportiva notar “una pedrada o tirón”, en ese momento se ve mermada la capacidad funcional del músculo y el paciente siente que algo no va bien.
Normalmente se generan muchas dudas en el momento, ¿será un tirón? ¿distensión? ¿desgarro? ¿rotura? son muchas las palabras que pasan por nuestra cabeza e incluso nos comentan personas cercanas.
Nosotros siempre recomendamos salir de dudas y visitar a un fisioterapeuta. No todas las roturas musculares duelen y si no hay dolor podemos pensar que estamos bien, pero no. El problema de no sentir dolor es seguir realizando actividades con riesgo de que la lesión vaya a más.
En clínica livalia realizamos una valoración para conocer la gravedad de la lesión y pautar un plan de tratamiento. Hay que elegir la técnica y el ejercicio adecuado, ya que para cada fase, músculo y grado de la lesión el protocolo a seguir va a ser muy diferente.
Todo lo que intentamos hacer en una rotura muscular, más allá del tratamiento es saber a qué nos enfrentamos para empezar a remar en la dirección correcta desde el primer minuto, acortando el período de recuperación y dando al paciente confianza y un entorno seguro en su rehabilitación.
No queremos terminar este apartado sin que sepáis que es tan importante el trabajo en camilla con masaje, punción seca, electrolísis, neuromodulación, etc. como el trabajo de recuperación con ejercicio. La combinación de ambas es la base de una buena readaptación de la estructura lesionada.
Las guías actuales coinciden en que la recuperación de una lesión muscular es activa: proteger los primeros días, empezar a cargar el músculo pronto y de forma progresiva, y volver al deporte cuando se cumplen criterios objetivos, no solo cuando pasa el tiempo.
La ecografía es una valoración fisioterapéutica, no un diagnóstico médico. Si sospechamos afectación del tendón o una lesión que deba estudiar un médico, te derivamos.
Sin dolor en las pruebas, con fuerza similar a la del otro lado y con carrera a máxima velocidad y gestos específicos sin molestias.
El tiempo depende de la localización y la extensión de la lesión: de pocas semanas a varios meses.
Isométricos, excéntricos y ejercicios en alargamiento, como el nórdico de isquios.
Progresión de carrera, sprint y gestos de tu deporte.
Terapia manual, punción seca o neuromodulación cuando el dolor limita el avance, siempre junto al ejercicio.
Mantener los ejercicios de fuerza cuando vuelves a entrenar.
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