La hernia discal se produce cuando el núcleo pulposo de un disco intervertebral de la columna se rasga y sale hacia fuera, provocando dolor en la zona del disco que se puede irradiar por los miembros superiores. Entre las causas principales están un accidente traumático o una disfunción visceral de los órganos que repercuten en la zona cervical (vesícula, hígado y estómago) producida por estrés, diferentes emociones o mala alimentación. El aumento de la edad, las malas posturas mantenidas o los sobreesfuerzos repentinos muchas veces no son sólo más que el desencadenante. En Clínica Livalia abordamos esta patología de una forma holística buscando las causas que la provocan y actuando sobre ellas para corregir la lesión.
Cada vez son más los estudios que demuestran que no toda lesión diagnosticada tiene que provocar síntomas. Salvo algunos casos, muy agravantes y tras una exhaustiva valoración, en los que se decide operar. En nuestra clínica trabajamos con dos potentes herramientas:
Tras la correcta valoración de los agravantes posicionales, y el conjunto de fuerzas que provocan o aumentan los síntomas realizamos nuestro tratamiento. La valoración es primordial para el tratamiento ya que sabremos qué tenemos que mover, para dónde, con qué fuerza, y qué agravantes biomecánicos influyen en su sintomatología.
La valoración de cómo está posicionado en su entorno es vital para comprender qué fuerzas están influyendo sobre su disco vertebral y están provocando su sintomatología.
La valoración de la capacidad biomecánica que tiene su cuerpo para moverse y mantenerse en el espacio nos ayudará a rehabilitar la función que ha podido provocarle el síntoma.
Hoy día existen herramientas para valorar y relacionar la sintomatología del paciente con la posible afectación a nivel estructural del disco.
Valorando la sintomatología, cuando aparece, hacia dónde se extiende, en qué momentos del día o noche, en qué posiciones, si existe déficit de fuerza, sensación de acorchamiento, etc, podemos trazar una dirección en el tratamiento y explicar al paciente las posibles causas y cómo corregirlas.
En algunos casos (los menos), y bajo prescripción de su médico, se le recomienda al paciente realizar una resonancia magnética para saber la afectación, posición e incidencia de los tejidos afectados.
Dependiendo de la posición en la que nos ubiquemos en el espacio, de la forma de movernos o la ausencia de movimiento podemos ayudar o perjudicar la recuperación de los tejidos afectados. Para ello es necesario realizar una valoración biomecánica y así conocer qué pautas se deben seguir para intentar mejorar la lesión, estas van desde cómo sentarnos, cómo agacharnos, si es mejor que estemos sentados, andando, etc.
En la valoración biomecánica analizamos su sistema músculo-esquelético y qué músculos debe fortalecer, elongar y activar.
Sólo realizando test específicos a cada paciente y viendo qué posiciones pueden perjudicar la sintomatología, podemos realizar una receta de ejercicios y cambios que ayuden a mejorarle.
Se deben evitar recetas de ejercicios de internet ya que la clave en cualquier paciente es una correcta valoración. Sólo tras una valoración de un profesional cualificado se pueden pautar ejercicios acordes a la lesión que han sufrido los tejidos.
En la receta de ejercicios le diremos qué fortalecer, qué estirar y qué posiciones corregir. Los pacientes saldrán de la consulta con todo este material explicado y comprendido, para que no haya ningún empeoramiento de los síntomas en su proceso de rehabilitación.
En algunos casos, según la afectación de la lesión, pedimos al paciente que acuda a consulta una vez en semana para ver su evolución y guiarle en el proceso de rehabilitación.
Los ejercicios de fortalecimiento, estiramientos y correcciones posturales estarán relacionados con aquellos déficits que encontremos en el paciente, tras una correcta valoración músculo-esquelética.
Gracias a estas valoraciones individuales y específicas se hará un trabajo de recuperación con unos objetivos claros, ahorrando tiempo al no hacer ejercicios que no aportan nada y evitando hacer movimientos que pueden perjudicarle
El masaje es una herramienta vital para intentar mejorar la sintomatología. A veces ayuda a bajar la intensidad con la que aparecen los síntomas y a descargar aquellos músculos con tensión que pueden dificultar el proceso de rehabilitación.
Otras veces el masaje y la terapia manual no tiene sentido, de ahí que muchos pacientes no mejoren con masaje y terapia manual. La mejora o no de los síntomas que puede aportar el masaje se cuantifica en la valoración inicial que hacemos antes de tratar, así sabremos si merece la pena realizar masaje sobre algunas zonas o si por otro lado puede ser una pérdida de tiempo.