Livalia

Adultos

Todo el mundo puede sentir ansiedad alguna vez, pero las personas con trastornos de ansiedad suelen experimentar miedo y preocupación de manera intensa y excesiva. Estos sentimientos suelen ir acompañados de tensión física y otros síntomas conductuales y cognitivos. Son difíciles de controlar, causan una angustia importante y pueden durar mucho tiempo si no se tratan. 

Las personas con ansiedad pueden experimentar un miedo o una preocupación excesivos ante una situación específica (como por ejemplo una crisis de angustia o una situación social) o, en el caso del trastorno de ansiedad generalizada, ante una amplia gama de situaciones cotidianas. Por lo general, padecen estos síntomas durante un período prolongado, al menos varios meses, y tienden a evitar las situaciones que les generan dicho malestar. 

Otros síntomas de los trastornos de ansiedad son:

  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Irritabilidad, tensión o inquietud.
  • Náuseas o malestar abdominal.
  • Palpitaciones.
  • Sudoración, temblores.
  • Trastornos del sueño.
  • Sensación de peligro inminente, de pánico o de fatalidad.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que implica un sentimiento persistente de tristeza y pérdida de interés. Es diferente de las fluctuaciones del estado de ánimo que las personas experimentan habitualmente como parte de la vida.

Los síntomas nucleares de la depresión son la tristeza intensa, la pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar y una disminución de la vitalidad que limita el nivel de actividad y produce un cansancio exagerado, que aparece incluso después de realizar pequeños esfuerzos.

Además, pueden aparecer otros síntomas, como los sentimientos de culpa o de incapacidad, la irritabilidad, el pesimismo ante el futuro, las ideas de muerte o de suicidio, la pérdida de confianza en uno mismo o en los demás, la disminución de la concentración y la memoria, la intranquilidad, los trastornos del sueño y la disminución del apetito y de la líbido, entre otros.

Muchas personas en edad adulta sufren problemas en sus habilidades sociales, ya sea en mayor o en menor medida. 

Las habilidades sociales se refieren a todas aquellas capacidades de un individuo que le posibilitan y le facilitan el poder interactuar con sus semejantes y comunicarse adecuadamente en diferentes contextos, sabiendo hacer uso de las reglas sociales. En definitiva, gracias a estas aptitudes, la persona podrá socializar con otros de una forma correcta y satisfactoria para ambas partes. 

Por tanto, podemos hacernos una idea de las consecuencias que puede llegar a tener una falta de habilidades sociales en adultos, pues sus posibilidades de interacción con las demás personas se estarían viendo mermadas y por tanto tendrían dificultades en su forma de comunicarse con los demás, con los resultados negativos que esto tendría sobre el sujeto. 

Así, las consecuencias más comunes del déficit de habilidades sociales son:

  • Problemas de autoestima.
  • Ansiedad y depresión.
  • Incapacidad de resolver conflictos.
  • Dificultades en los vínculos relacionales.

La autoestima es un factor crucial en el bienestar emocional y el crecimiento personal, pero no siempre es fácil mantenerla de forma saludable.

Una persona con baja autoestima muestra dificultades para poder apreciar aquellas características que le hacen ser especial. Es común en aquellas personas con baja autoestima que piensen que no van a ser suficiente y que no tienen las capacidades necesarias para desenvolverse correctamente en diferentes situaciones.

Algunas de las características comunes entre todos ellos son las siguientes:

  • Muestran dificultades para tomar decisiones. Es decir, se muestran muy inseguros y experimentan un miedo exagerado a equivocarse. Por ejemplo, es común que me digan que llevan meses pensando en pedir ayuda y llamar a un psicólogo hasta que toman la decisión de acudir.
  • Tienen miedo a los cambios, a situaciones nuevas y evitan cualquier riesgo.
  • Sienten que no pueden y que no van a conseguir lo que se propongan.
  • La mayoría de ellos muestran estados de ánimo ansioso/depresivos.
  • No se valoran, no sienten que tengan ningún talento.
  • Se aíslan de su entorno, mostrándose tímidos.
  • Evitan tomar la iniciativa, por lo que se muestran
  • Se sienten continuamente evaluados, por lo que temen hablar con otras personas.
  • Tienen dificultades para identificar sus emociones.
  • Les cuesta compartir con otras personas sus emociones.
  • No se sienten satisfechos consigo mismos, sienten que no hacen nada bien.
  • Se dan por vencidos antes de iniciar cualquier actividad.
  • Dependen de los otros para hacer casi cualquier actividad.
  • Debido a que sienten que no tienen valor, les cuesta aceptar que los critiquen.
  • Experimentan fuertes sentimos de culpa cuando algo les sale mal.
  • Tienen dificultades para reconocer sus errores.
  • Son pesimistas.
  • Sienten que son poco interesantes.
  • Sienten que no controlan su vida.
  • Tienen dificultades para conseguir sus metas.

Las relaciones de pareja siguen siendo uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad, sea cual sea el tipo de unión que se establezca. Las personas se sienten motivadas a emparejarse. Si de esa unión, surgen relaciones positivas, éstas se convierten en una fuente de enriquecimiento personal incuestionable. Si, por el contrario, son conflictivas suponen un estresor de alto impacto psíquico y orgánico.

Con la terapia de pareja se pretende guiar a las parejas a entender y resolver sus conflictos, proporcionando las herramientas cognitivas, emocionales y conductuales necesarias para:

  • Potenciar la comunicación.
  • Dotar de habilidades de resolución de problemas.
  • Aumentar el número de intercambios positivos.
  • Identificar y corregir expectativas, pensamientos y creencias erróneas en relación al otro, a uno mismo y a la propia relación.
  • Desarrollar insight (interpretación de los motivos subyacentes de las conductas problemáticas).
  • Manejar los apegos y modelos familiares inadecuados asumidos desde la infancia.
  • Controlar las emociones desproporcionadas, las discusiones y la hostilidad.
  • Fomentar la empatía y la auto-regulación en la causa y solución de la conflictividad.

La ruptura de pareja constituye un acontecimiento altamente estresante capaz de generar un impacto emocional considerable sobre los miembros de la pareja, y sobre las personas más allegadas. Se trata, por tanto, de un proceso complicado, doloroso y, en su mayoría, de larga duración. Una difícil etapa que se caracteriza, también, por la presencia de sentimientos contradictorios que generan un intenso malestar en las personas involucradas.

A pesar de que la concepción popular de «duelo» siempre ha estado ligada a una pérdida personal por fallecimiento, el duelo realmente abarca una concepción más amplia: el proceso que experimenta una persona como consecuencia de una situación de pérdida; ya sea por el fallecimiento de una persona querida, por un cambio de domicilio, por la pérdida de un trabajo y, también, por la ruptura de una relación de pareja. Es por ello que hay grandes similitudes en la respuesta de afrontamiento en este tipo de situaciones adversas, todas ellas «duelos» de diferente naturaleza.

Son diversas las consecuencias físicas y emocionales que pueden emerger tras una ruptura de pareja, y en cada caso particular destacan unas manifestaciones frente a otras. Es común que aparezcan algunas de las siguientes: 

  • Estado de ánimo bajo
  • Síntomas de ansiedad
  • Sensación de vacío
  • Desesperanza hacia el futuro
  • Alteraciones de sueño
  • Ausencia de ganas de relacionarse
  • Sensación de soledad, etc.

Las personas que padecen dependencia emocional muy posiblemente han presentado a lo largo de su vida una autoestima baja. Tienden a emparejarse o desear estar en pareja en todo momento y toleran mal el hecho de estar solos. Aunque todos sufrimos ante los conflictos con nuestra pareja, las personas que padecen dependencia emocional pueden llegar a sufrir depresión y ansiedad a causa de estos problemas. Si la relación de hecho acaba rompiéndose presentaran una “abstinencia” de esa persona sin saber cómo reponerse a la ruptura. 

Algunos síntomas que aparecen cuando se padece dependencia emocional son:

  • Sientes que estás obsesionado con esa persona: dedicas demasiado tiempo y energía pensando en ella.
  • Idealizamos mucho a la pareja.
  • Reduces tu sensación de bienestar y seguridad solo a cuando estás con esa persona. 
  • Tratas de agradar a toda costa a esa persona y te cuesta poner límites.
  • Hay un gran miedo al rechazo y al abandono.

El duelo es un proceso psicológico que se produce tras una pérdida, una ausencia, un abandono o una muerte. Este proceso es diferente para cada persona. Los síntomas más comunes son: ansiedad, culpa, confusión, miedo, negación, tristeza, shock emocional, etc.

La experiencia emocional de enfrentarse a la pérdida, es lo que llamamos elaboración del duelo, que nos conduce a la necesidad de adaptación a una nueva situación. Dado que el duelo sería similar a una “herida” podríamos decir que necesita un tiempo de “cicatrización”. En este proceso de duelo, se distinguen varias fases que hay que ir superando, aunque ello no significa que en todas las personas aparezcan todas las fases.

Una adicción se basa en la búsqueda del alivio a través del consumo o uso de sustancias u otras conductas similares. El desarrollo de esta conducta implica para la persona adicta la incapacidad de controlarlo, dificultad para abstenerse, deseo del consumo, disminución del reconocimiento de los problemas derivados de la adicción y en las relaciones interpersonales, así como una respuesta emocional disfuncional. Esto crea problemas en la vida de la persona adicta, mermando su calidad de vida.

A parte de las adicciones a sustancia tóxicas (alcoholismo y drogodependencia) existen múltiples adicciones a: nuevas tecnologías, sexo, apuestas (ludopatía), videojuegos, etc.

Los síntomas variarán según la adicción que sufra el paciente y de sus características individuales de personalidad. De todos modos, existen diversos signos comunes en la mayoría de casos de adicción:

  • Pérdida de control del uso, con episodios de uso compulsivo que afectan a la vida en general de la persona.
  • Estado de ánimo triste
  • Irritabilidad
  • Deterioro de la calidad de vida
  • Negación o autoengaño
  • Ansiedad
  • Obsesión
  • Inquietud o preocupación excesiva
  • Insomnio
  • Sentimiento de culpabilidad

Nuestros psicólogos en Sevilla especialistas en adultos te ayudan a recuperar tu bienestar mediante el aprendizaje de nuevas habilidades

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